Todo lo que no miras desaparece. Rita Andreu, 2021.

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Cast.

Todo el que no miras desaparece propone un recorrido a través de parte de la producción más reciente del artista Llorenç Ugas Dubreuil (Sabadell, 1976), que permite situar y evidenciar algunas de las cuestiones que atraviesen de manera constante su práctica artística.

Todas estas producciones revelan una aproximación crítica a los efectos de la intervención humana sobre un territorio concreto, fijando la atención en espacios, la morfología y el aspecto de los cuales se han visto alterados por la presión que ejercemos sobre ellos. Estos espacios –a través de propuestas fotográficas o de carácter más escultórico y instal·latiu– se nos presentan como indicios de las fricciones que genera el deseo humano de control respecto a entornos naturales que bregan para seguir su curso.

El paisaje, pero, no existe al margen de la mirada. Es la mirada sobre un territorio concreto el que define y construye la imagen de un paisaje determinado. En este sentido, las propuestas de Llorenç Ugas Dubreuil nos hablan de experiencias concretas, de lugares específicos, de problemáticas y tensiones situadas, todas filtradas por un cuerpo que está siempre en relación con un territorio determinado, de forma que el que emerge en sus obras son una serie de paisajes fruto de una mirada concreta sobre un territorio y, al mismo tiempo, el resultado de la experiencia directa de la relación que el artista establece con estos.

La propuesta Todo el que no miras desaparece se presenta al museo desplegada en dos espacios diferenciados. En primer lugar, en la entrada del museo, la instalación 1760 metros (2018-2019) actúa como una especie de prólogo, como elemento que anticipa y concentra buena parte de las cuestiones que son centrales en la práctica del artista y que se pueden reseguir en el resto de proyectos que articulan la muestra. La instalación, conformada por algunas de los restos de la construcción del hotel Lo Algarrobico –situado a los pies de la playa homónima, dentro de la zona natural protegida del Cabo de Gata-Níjar (Almería)–, nos habla de los efectos de la petja humana y de la especulación inmobiliaria sobre un paraje natural concreto. Estos elementos, desplazados del lugar de origen, condicionan y modifican nuestra relación y percepción del espacio en el cual se inscriben, cosa que nos obliga a un deambular forzado, del mismo modo que lo hace todavía la presencia del hotel en la playa de Algarrobico.

Esta aproximación crítica a las tensiones que provoca la actividad humana sobre un territorio concreto se ve mediada por un cuerpo que siempre está en relación. La activación del paisaje desde la experiencia directa, desde la condición performativa –especialmente desde el hecho de andar– se hace presente en algunos proyectos de una manera explícita, como en el caso de Dibujar una autopista con el cuerpo (2020) –resiguiendo a pie el trayecto de la autopista proyectada entre los municipios de Blanes y Lloret de Mar– o 5 pasas (2020).

En otros, pero, esta relación se evidencia desde el intento constante de traducir la experiencia de un paisaje concreto a las imágenes a través de la manipulación y la alteración. Del mismo modo que la artista voz restañada el que él mismo define como una experiencia poderosa del paisaje fruto de las transformaciones que ha sufrido el territorio por motivaciones diversas, sus proyectos intentan traducir esta sensación de frustración, de interrupción, de imposibilidad, a través de una serie de estrategias. En algunas de las series fotográficas de largo recorrido, como Blacklandscapes –iniciada el 2014–, Landscape experience y Landschaft –iniciadas ambas el 2017– o Lugares al ladro de la nata –en curso desde el 2018–, el artista se aproxima a toda una serie de lugares sensibles a través de unas fotografías que juegan con la desaturación, la sobreexposición, la eliminación de algunos de los elementos que inicialmente las conformaban, la repetición y la superposición de capas, etc., haciendo que nuestra aproximación a la imagen –o el intento de reconocer un referente– se vea frustrada, del mismo modo que se ve frustrada su experiencia hacia estos paisajes.

Así, alejándose de una pulsión puramente documental o de registro, en los proyectos que conforman la exposición se manifiesta la voluntad de hacer aflorar desde una condición poética las sensaciones que se desprenden de la experiencia de un cuerpo particular que está en relación con un territorio concreto. Estas estrategias aplicadas al tratamiento de las imágenes hacen que el referente inicial y explícito con el cual el artista trabaja se desdibuje de forma progresiva, dejando a una aproximación más abstracta que nos conecta con la experiencia y la vivencia de un estado de tensión. En este sentido, en la producción de Llorenç Ugas Dubreuil hay cierto traslado, desde la fijación en aquellas tensiones que el artista detecta en ciertos lugares naturales –fruto de la actividad humana– hacia una exploración más abstracta de la idea de tensión.

Esta exploración se manifiesta de una forma muy explícita en las piezas escultóricas que, a forma de epílogo, cierran el recorrido de la exposición. En Km 6, 11 y 18 las piezas formadas por bloques de piedra e imágenes unidas por la presión que ejerce un sargento no traducen la tensión asociada a la problemática de un territorio concreto, sino que materializan un momento de intensidad y fricción vinculado a la experiencia misma del paisaje.

Eng.

Todo el que no miras desaparece proposes a journey through part of the most recent production of the artist Llorenç Ugas Dubreuil (Sabadell, 1976), which allows us to situate and highlight some of the issues that constantly cross his artistic practice.

All these productions reveal a critical approach to the effects of human intervention on a specific territory, focusing attention on spaces, the morphology and appearance of which have been altered by the pressure we exert on them. These spaces -through photographic proposals or more sculptural and instal-latiu- are presented to us as indications of the frictions generated by the human desire for control over natural environments that struggle to follow its course.

The landscape, however, does not exist apart from the gaze. It is the gaze on a specific territory that defines and constructs the image of a given landscape. In this sense, the proposals of Llorenç Ugas Dubreuil speak to us of concrete experiences, of specific places, of problems and situated tensions, all filtered through a body that is always in relation to a given territory, so that what emerges in his works are a series of landscapes that are the fruit of a concrete gaze on a territory and, at the same time, the result of the direct experience of the relationship that the artist establishes with them.

The proposal Todo el que no miras desaparece is presented to the museum in two different spaces. First, at the entrance of the museum, the installation 1760 meters (2018-2019) acts as a kind of prologue, as an element that anticipates and concentrates a good part of the issues that are central to the artist’s practice and that can be followed in the rest of the projects that articulate the exhibition. The installation, made up of some of the remains of the construction of the Lo Algarrobico hotel -located at the foot of the beach of the same name, within the natural protected area of Cabo de Gata-Níjar (Almería)-, speaks to us of the effects of human habitation and real estate speculation on a specific natural site. These elements, displaced from their place of origin, condition and modify our relationship and perception of the space in which they are inscribed, forcing us to wander, just as the presence of the hotel on the beach of Algarrobico still does.

This critical approach to the tensions caused by human activity on a specific territory is mediated by a body that is always in relation. The activation of the landscape from the direct experience, from the performative condition -especially from the fact of walking- is present in some projects in an explicit way, as in the case of Dibujar una autopista con el cuerpo (2020) -following on foot the route of the projected highway between the municipalities of Blanes and Lloret de Mar- or 5 pasas (2020).

In others, however, this relationship is evidenced by the constant attempt to translate the experience of a specific landscape into images through manipulation and alteration. In the same way that the artist’s voice restores what he himself defines as a powerful experience of the landscape as a result of the transformations that the territory has undergone for various reasons, his projects attempt to translate this sense of frustration, of interruption, of impossibility, through a series of strategies. In some of the long-running photographic series, such as Blacklandscapes -initiated in 2014-, Landscape experience and Landschaft -both initiated in 2017- or Places at the edge of the cream -ongoing since 2018-, the artist approaches a whole series of sensitive places through photographs that play with desaturation, overexposure, the elimination of some of the elements that initially conformed them, repetition and superimposition of layers, etc., making our approach to the image -or the attempt to recognize a referent- frustrated, in the same way that our experience of these landscapes is frustrated.

Thus, moving away from a purely documentary or registration drive, the projects that make up the exhibition manifest the will to bring to the surface, from a poetic condition, the sensations that arise from the experience of a particular body in relation to a specific territory. These strategies applied to the treatment of the images make the initial and explicit reference with which the artist works blur progressively, leaving a more abstract approach that connects us with the experience and the experience of a state of tension. In this sense, in the production of Llorenç Ugas Dubreuil there is a certain transfer, from the fixation on those tensions that the artist detects in certain natural places -the result of human activity- towards a more abstract exploration of the idea of tension.

This exploration is manifested in a very explicit way in the sculptural pieces that, as an epilogue, close the exhibition. At Km 6, 11 and 18 the pieces formed by blocks of stone and images joined by the pressure exerted by a serjant do not translate the tension associated with the problems of a specific territory, but materialize a moment of intensity and friction linked to the very experience of the landscape.