Modos de estar en. Pedro Medina, 2011.

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Modos de estar en…

Contexto y mirada son dos condiciones que determinan radicalmente nuestro conocimiento. Llorenç Ugas Dubreuil1 reflexiona sobre estas dos vías de acercamiento al mundo a través del estudio de la ciudad contemporánea. Y lo realiza potenciando una relación sentimental con la misma, en la que la arquitectura fotografiada alberga la experiencia personal de espacios de tránsito deshabitados.

Esto es lo que ya caracteriza la serie creada entre 2007 y 2009 Cartografiar el espacio_Perseguir la huella. (Lugares, Más allá del silencio, Rastros), recientemente premiada en numerosas ocasiones y presente en PHotoEspaña 2011. En ella se retratan esos «no-lugares» que popularizó Marc Augé, espacios públicos en los que la tradición se difumina y se manifiesta la homogeneización de recintos globales.

No obstante, es estas obras no se busca una visión sociológica, sino que Llorenç Ugas Dubreuil parte de la arquitectura vacía, espacios de vida ahora lejos de su uso cotidiano, para exhibir su composición y la magnitud del espacio a través de escenas donde la intensidad de color provoca hondas emociones. Son lugares comunes preparados para la observación íntima, zonas de pasaje entre lo público y lo privado, ausencias y soledad pertenecientes a edificios de nuestra época. Son narraciones suspendidas donde universos simétricos son teatralizados para que se imponga el reposo en estancias inmaculadas no destinadas inicialmente a su contemplación. Aun así, no se fotografía la nada, aunque sean lugares vacíos de gente, sino una huella de una acción habitual, leve, fácilmente desapercibida, pero aún rastro, bien sea de una tiza en la pizarra, de una silla abandonada o de una puerta abierta.  La figura humana parece desterrada, sin embargo, estas obras nos hacen recordar una manera de entender el lugar: no es algo indeterminado y se define, según la Física de Aristóteles, como un «modo de estar en»; lo que supone alguien que utilice el lugar para ser considerado como tal. Volvemos pues a la ideade contexto y a la manera en la que la mirada se posa sobre él, pero en este caso lo hace para permitir que el espectador pueda construir una nueva historia a partir de la obra, imaginando esos lugares de nuevo transitados.

De esta forma, reinan el vacío y el silencio en espacios que, no obstante, poseen vida, y donde se observa una progresiva referencia a una experiencia particular. Es el caso de Otra ciudad, un conjunto de fotografías, fotocopias transferidas y vídeos en los que hallamos nuevos paisajes donde se neutraliza la “no-distinción” del “no-lugar”, es decir, la imposibilidad de identificar un espacio que podría corresponder a multitud de poblaciones occidentales. Logra el “posicionamiento” de lo fotografiado al componer los lugares acompañados de sus coordenadas geográficas, optando así por “situar” la obra. Se trata de una serie cuyas primeras fotografías datan de 2008, pero que no tuvo la entidad de proyecto hasta 2010, cuando se plantea como archivo visual de espacios urbanos que parecen despojados de su razón de ser en la soledad de la noche, es decir, una vez que han desaparecido los ciudadanos que deberían hacer uso de ellos. Polígonos industriales, lugares de paso vinculados al trabajo, se acumulan ahora cartografiando un territorio concreto, sin nombres pero con situación. Sin embargo, en conjunto construyen la acumulación de ambientes de extrarradio, geolocalizados pero, más importante aún, muestra de una circunstancia común, que comparten las zonas de producción occidentales.

En esta evolución de sus preocupaciones destaca Público_Privado (2009-2011), que supone el paso del silente no-lugar al discreto rumor del ámbito privado. Cronológicamente está elaborada entre las otras dos series, pero podría significar el tránsito completo de una de las derivas que abre Cartografiar el espacio. Este trabajo se pregunta por los espacios y los anhelos de privacidad de lugares que son entendidos una vez más como “el modo de estar en”…

La tipología creada para reflejar lo público se configura por medio de cuatro escenarios cotidianos: aeropuertos, oficinas, salas de espera y autopistas, compartiendo todos ellos la ilusión de “hacer suyo”, aunque sea provisionalmente, un espacio que habitualmente les es ajeno. La segunda parte del proyecto se desarrolló invitando a 50 personas del entorno del artista con la petición de fotografiar con una cámara polaroid aquel espacio que considerara cada uno su refugio dentro de su casa. Aun así, no se destierra la inhabitabilidad y la ausencia, producidas por la fugacidad, de las que todo hogar es depositario, apreciándose una felicidad o una seguridad que solamente se puede atesorar en forma de pasado. Por ello, tras la pulcritud de todas las obras de Llorenç Ugas Dubreuil, se puede rastrear una actitud habitativa que nos vincula con nuestra sociedad.

Se podría establecer entonces cierta conexión con la propuesta que realizó Guy Debord para una nueva arquitectura y arte, en la que la construcción futura debía ir precedida de una profunda investigación de las relaciones entre espacios y sentimientos, entre forma y estado de ánimo. Si Debord pensaba en la manera de estructurar la ciudad, estas fotografías apelan a la emoción de un espectador que descubre la intemperie del día a día. Es, por tanto, necesario un ejercicio de resonancia que nos remita a otro modo de estar en los lugares en los que vivimos, descubriendo quizás un vacío contemporáneo que estas obras desvelan a un ciudadano que ahora reconoce a un igual con el que comparte una misma emoción.

Pedro Medina.