Llorenç Ugas Dubreuil. Maia Creus, 2018.

Atrás

LLorenç Ugas Dubreuil piensa el presente a través de la fotografía siguiendo procesos de trabajo de larga duración que se inscriben en la experiencia directa, vivencial e intima del que deambula. No es lo mismo confiar en la cámara para expresar la experiencia estética del paisaje, que transferir a la cámara la potencialidad de una herramienta de conocimiento. Este última es la opción de Llorenç Ugas Dubreuil quien, con un trabajo preciso sustentado en la sobre posición de capas de tiempo y de memoria, documenta el sentimiento de pérdida ante la tierra dominada, ya no por las fuerzas indomables de la naturaleza, sino por una humanidad que se ha ido adaptando de forma cada vez más agresiva a su entorno, transformándolo hasta ponerlo en peligro de extinción.


El recorrido creativo de Llorenç Ugas
desde 2006 hasta la fecha, se puede definir como un proceso de sensibilización de la mirada para captar los no lugares en el mundo que nos rodea. La conocida idea de «no-lugar» definida por el antropólogo Marc Augé, no es una categoría objetiva, sino más bien a una experiencia ante las consecuencias empíricas, reales, de la acción humana en el mundo y sus consecuencias devastadoras. En este sentido se puede situar la extensa serie de trabajos fotográficos realizados en paralelo por el artista: Black landscape, serie de fotografías en las que explora cómo ciertos elementos artificiales bloquean el paisaje y Lugares al borde de la nada, actualmente expuesto en el Museo Porreres, donde el autor pone el énfasis en cómo y de qué manera, la actividad humana puede desembocar en el colapso del territorio. El hilo conductor de estas series de obra es la mirada crítica a la transformación del paisaje, así como, en territorios urbanos especialmente frágiles, debido a la presión humana tanto en términos económicos como de presión turística y presión política.


L
Lorenç Ugas Dubreuil, como un antiguo naturalista, registra fotográficamente el impacto visual y medioambiental ̶ como también recoge restos materiales ̶ de aquellos elementos sobrepuestos en la tierra sin uso ni razón de ser, y que, por este motivo, no tal solo bloquean el paisaje y modifican su percepción, sino que cortan el canal de comunicación impidiendo la experiencia armónica de los lugares. «Cuando descubro un resto de hormigón en medio de un paisaje o los restos de una urbanización deshabitada convertida en escombros sin memoria de vida o una vía de tren que no lleva a ninguna parte, no puedo dejar de sentir el efecto de una herida» . Sin embargo, el autor no se plantea su obra como un trabajo sólo de documentación sino también de testimonio. De ahí entiendo su trabajo como manifestación de la vivencia de un resistente ante el dogmatismo de la actualidad.

El imperio de la actualidad niega el tiempo, abandona el pasado borrándolo. Las imágenes reelaboradas de Llorenç Ugas Dubreuil hacen todo lo contrario: el estado actual del territorio capturado por el ojo de la cámara queda modificado artificiosamente, para dar lugar a una experiencia de observación que incorpora la trama de rastros humanos inscrita en el rastro invisible del tiempo. En sus trabajos, la percepción de los lugares siempre dejan entrever capas o sustratos de información vinculados al paso del tiempo. Un ejercicio de amparo a la memoria y la mirada crítica.

Una mirada que, fusionada con el objetivo de la cámara, deambula por el territorio para identificar todo aquello que perturba la experiencia de lugar y su correlativo: el sentido de la vida o el intento de comprensión del trasfondo de la existencia humana en la tierra. Hasta aquí podríamos decir que el trabajo creativo de Llorenç Ugas enmarca en la tradición del arte contemporáneo de unión entre arte y vida; arte y contexto; arte y teoría crítica. La diferencia se sitúa en el plano de conciencia: la mente consciente y crítica del siglo XXI tiene la certeza de que el estado actual de colonización de la tierra difícilmente tiene retorno. Es en este contexto de lucidez donde sitúo el trabajo de Llorenç Ugas Dubreuil, un creador solitario profundamente arraigado en su época a través de una práctica creativa asentada en la experiencia de límite.


Trasladada al lenguaje del arte, la experiencia del límite en Llorenç Ugas Dubreuil significa una búsqueda estética basada en el estudio de los fenómenos de la percepción. En sus imágenes, la originaria mirada natural, potencialmente gratificante y empática, queda artificialmente interrumpida, bien sea por la sobre exposición de las fotografías provocando la desaparición de partes de la imagen; bien sea provocando la ruptura de la literalidad introduciendo líneas de fractura en la continuidad del paisaje. Sea como sea, el resultado final buscado por el autor es que, en nuestra recepción, no hay ninguna imagen que pueda percibirse tal como debería. Del mismo modo que en nuestro país como en buena parte del mundo globalizado, es prácticamente imposible encontrar un lugar no contaminado por los rastros del activismo humano, las imágenes fotográficas nos devuelven esa negatividad impidiéndonos su acceso a través del ojo. Y es en este choque de la visión imposibilitada, de la experiencia estética frustrada, donde emerge la lucidez crítica: nuestra civilización basada en el desarrollo, el progreso y la expansión nos ha llevado a una «época póstuma». Adjetivo empleado por Marina Garcés para definir nuestro tiempo en el que todo se acaba. La globalización prometía un presente eterno, una estación de llegada, pero en los últimos tiempos el fin de la historia ha cambiado de signo. Lo que tenemos delante ya no es un presente eterno ni un lugar de llegada, sino una amenaza, escribe la autora.

La conciencia, cada vez más generalizada, que el capitalismo, el crecimiento económico, la sociedad de consumo, el productivismo es insostenible impugna radicalmente el pensamiento actual del mundo. Este es el marco conceptual y crítico donde sitúo la obra de Llorenç Ugas Dubreuil, y de ahí emerge la metáfora del autor como resistente. El resistente no anhela el dominio ni el poder, quiere ante todo, no perderse a sí mismo. Tampoco el resistente es quien opone resistencia a los avatares de la vida, sino que entiende la resistencia como una forma de vivir, una manera de ser. Es una opción de vida sustentada en una particular ética de la acción en la creación. A través de sus trabajos sobre el paisaje, Llorens Ugas Dubreuil nos recuerda que la actividad humana, tanto individual como colectiva, no está a la altura de la complejidad que genera y bajo la que debe desarrollarse. Sus imágenes nos encaran a una impactante contradicción: el activismo humano nos ha conducido a un tiempo de insostenibilidad. La acción humana está perdiendo la posibilidad de ocuparse y de intervenir sobre las propias condiciones de vida.

Maia Creus.